Antes el poder de verdad, el económico, era visible, estaba bien localizado: templos, monasterios, castillos, palacios, bancos... Hoy es más difícil, hoy esta en "la nube"; los impulsos eléctricos mueven miles de millones en un instante, procurando el aumento de la riqueza de unos pocos, la miseria de muchos y el deterioro, cada vez más irreversible, del hábitat en que vivimos todos. El crédito, la producción y el comercio tanto a nivel local como a nivel global están condicionados por esa nube: el capital financiero, el mercado de papel. Naturalmente el poder de la nube se basa en algo más sólido que el papel o el impulso electrónico; cuenta con una tupida red de servidores, paga sueldos generosos, arma ejércitos, reparte privilegios, soborna al que se deja sobornar y elimina al que se resiste. ¿Cómo neutralizar este poder? ¿dónde está su palacio de invierno? La respuesta es evidente: en las instituciones políticas y econ...